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Olvidos

Olvidada entre cuatro muros, la memoria. Como una pájara herida en el medio del desierto. Caminos que se hunden como serpientes en la arena. Grutas de pena, vientos de olvido, quemaduras de ausencia. Todo se ha secado, no crece una flor en estas soledades y hoy nadie dice nada. Como si las palabras se hubieran momificado en la garganta. Como si los ojos que vieron se hubieran quedado ciegos. 

Memoria

La memoria es una imagen inventada de un acontemiciento que puede o no serlo. Inventamos la memoria con cada recuerdo. Recordamos inventando cada imagen. Qué es la memoria sino un cuento que nos contamos a nosotros mismos, un cuento con final feliz o triste, pero siempre una historia más como todas las historias: subjetiva, inasible, improbable, creadora de la estructura que forma nuestra personalidad, imagen sonora, imagen auditiva, imagen olfativa, imagen visual. Todas ellas formando un caleidoscopio de nuestra existencia, márgenes entre los cuales existen los momentos. Soy ya, ahora, memoria de mí misma y en el momento siguiente, le mano que escribe deja memoria de esa misma que fui hace un momento, dejando huella imperfecta, autentificación tangible de una ilusión, siempre desfasada, resbaladiza y sin embargo, pivote necesario de mi presente.

 

La memoria requiere de trauma. Estamos compuestos de nuestra pérdida permanente. ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? No lo recuerdo, no entiendo, no sé. 

 

Lo que no recordamos no existe. Lo que no existe no podemos recordarlo. ¿Comenzamos a olvidar cuando comenzamos a morir? ¿Es el el olvido la señal de la muerte? Qué parte de nuestro ser es el que recuerda? ¿Es la cabeza, el sexo, el nervio óptico? ¿Es nuestra alma acaso la que recuerda? 

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